COMPASIÓN INDIVIDUAL Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL
-Caminos de liberación, con Buda y Jesús-
Conferencia de clausura del XXXIII
Congreso de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, Madrid, 8-IX-2013
Compasión individual y transformación social es el tema central de mi exposición
que, formulado de un modo más largo y menos atractivo para el programa de un
congreso, es el siguiente: De la compasión puntual y la conversión
personal a la liberación social y transformación estructural.
Estas reflexiones que comparto hoy con
ustedes en el XXXIII Congreso de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan
XXIII, tienen como telón de fondo encuentros interculturales, en Japón, en el
marco de la Conferencia Mundial de Religiones para la paz, en cuyo Instituto
Interreligioso se investiga y promociona la implicación de las religiones en
los problemas sociales de paz, justicia y derechos humanos.
-Como
prólogo, comenzaré recordando brevemente dos parábolas muy conocidas, del Buda
y de Jesús, que muestran la reacción conpasiva y liberadora de sus respectivas
espiritualidades ante el encuentro con víctimas de la injusticia.
En primer lugar, la parábola
budista: A la orilla del camino se desangra un herido. Unos caminantes se
detienen a socorrerle, pero él les dice: ¡ÈNo hagan nada para curarme. Busquen a
los malhechores, quiénes son y por qué dispararon la flecha¡É. ¡ÈNo, le dicen, lo
urgente es curarte.¡É El Buda, que ha contado esta parábola, predica así: lo
primero, compasión y ayuda. Y después, para prevenir otras víctimas, recomienda
reconocer las causas en el corazón de cada persona: ¡ÈDesarraiguemos, dice, los
tres venenos que causan víctimas: la codicia, el odio y el engaño (en sánskrito:
lobha, dosa, moha).
A continuación, recordemos la parábola
evangélica: A la orilla del camino, un hombre medio muerto; asaltado, apaleado
y robado. Pasa un sacerdote y un levita, funcionarios del templo, aunque ven a
la víctima, hacen como que no ven y pasan de largo. Pasa luego un extranjero;
es samaritano, por lo que se supone su enemistad con los judíos que lo
discriminarían. Se detiene, se compadece de la víctima, le cura las heridas con
aceite y vinagre, le monta en su cabalgadura para llevarke a que le atiendan en
la posada y paga la cuenta.. Dice el evangelista Lucas que Jesús cuenta esta
parábola para tapar la boca al que preguntó: ¡È¿Quién es mi prójimo?¡É. Responde
Jesús: Hazte prójimo (Lc 10, 25-37). Compadécete y ayuda. Y no causes tú víctimas,
trata al prójimo como querrías que te tratasen a tí.
Hasta aquí las dos parábolas y
enseñanzas del Buda y de Jesús que quisiera colocar en el frontispicio de estas
reflexiones sobre compasión y liberación.
La compasión y liberación , hoy
Hoy, a cinco mil años del Buda y dos
mil años de Jesús, la enseñanza de ambas parábolas sobre la liberación de las
víctimas y la conversión para no causar más víctimas, sigue siendo válida. Pero
hoy se acentúa, agranda y agrava, a escala mundial, la tarea ardua a la vez que
necesaria y urgente, de compadecer eficazmente a las víctimas y confrontar la
reforma de los agentes victimizadores para. Pero la sociedad de hoy es
incalculablemente más compleja que la de los días del Buda o de Jesús. Hoy es
más apremiante, a la vez que más difícil, conjugar la compasión puntual y la conversión
personal con la liberación y transformación estructurales, porque hoy se
plantea a escala globalizada el problema de la liberación de las víctimas de
los sistemas y la transformación de los sistemas que causan víctimas. Hoy
necesitamos crear estructuras de solidaridad para liberar víctimas y también
tenemos que denunciar, criticar y desarraigar la injusticia dentro de los sistemas
y los sistemas injustos. Cuanto más conscientes somos de esta necesidad actual
de liberación, más abrumados nos sentimos por la dificultad de llevar a cabo la
exigida transformación estructural de las sociedades.
¿Cómo contaría Jesús la parábola hoy?
En dicho contexto de urgencia y
dificultad, nos planteamos la pregunta: ¿Cómo contaría Jesús aquella parábola
del buen samaritano para el mundo de hoy? Es una forma de preguntar qué encargo
de compasión y liberación nos daría Jesús hoy.
Esta cuestión que he dicho del
planteamiento sobre víctimas y victimizadores en la dimensión estructural, no
solo personal, ya empieza a aparecer en la citada parábola, si se la relee a la
luz de la vida entera de Jesús. Jesús predica la bienaventuranza de la
misericordia, que tiene dos caras: construir la paz y ser perseguido por causa
de la justicia (tal como entiende Jesús la justicia, es decir, la justicia del
Dios de Jesús, que opta preferentemente
por ponerse de parte de las víctimas injusticiadas). Jesús no solo se compadece
de las víctimas, sino denuncia a los sistemas victimadores.
En la parábola del buen samaritano,
leída en el contexto de la vida entera de Jesús, un punto importante sobre la
liberación de las víctimas y la confrontación con las causas victimizadoras, es
la entrada en escena de esos dos personajes, que son el sacerdote y el
funcionario del templo. Los dos pasan de largo, ignorando a la víctima. Estos
dos personajes son representativos del templo, del sistema del templo. Sabemos
que el templo es imagen del ¡ÈSistema¡É opresor. El templo de Jerusalén no era
solo un centro religioso. Era el centro de un poder religioso casado con el
poder económico y con el poder político del gobierno local y del poder
colonizador romano. Centro también económico y financiero, como sugiere la
imagen de los banqueros asentados en el templo para el cambio de moneda. Ya
sabemos que contra esos arremetió Jesús unos días antes de que lo apresaran. Y
no fue un simple ¡Èescrache¡É, sino tirándoles el pupitre látigo en mano y
llamando cueva de ladrones al templo y sede del pontífice. (Imagínense, qué
pasaría si se presenta hoy Jesús a dar un puñetazo en alguna mesa de reunión
donde confraternizan jerarquías eclesiásticas con banqueros, empresarios y
políticos de ultraderecha...).
Pero, bromas aparte, quería fijarme
en este punto: los representantes del sistema pasan de largo; tiene que ver con un tema principal de una
teología liberadora, hoy. Es urgente hoy, como veíamos, la liberación de las
víctimas de los ¡ÈSistemas¡É y la confrontación con los ¡ÈSistemas victimadores¡É. ¿Cómo
contaría Jesús, hoy, aquella parábola para encargarnos que nos hagamos
prójimos, que nos hagamos cargo de las víctimas, como diría Ellacuría, y evitemos
que ¡Èse sigan cargando¡É a más víctimas? ¿Habría que añadirle algo a la
parábola? Por supuesto, los detalles de vida cotidiana serían distintos. El
sendero hacia Jericó, una autopista. El samaritano iría en coche, y llamaría
por el móvil una ambulancia. Pero no me refiero a estos detalles cotidianos,
sino a la situación en la actualidad de las víctimas de injusticias y la condición
de los sistemas victimizadores, por la complejidad de la sociedad actual.
Ya en tiempo de Jesús, se daba el
problema de la liberación de las víctimas del sistema y la confrontación con el
sistema causante de víctimas, como se ve en la condena a muerte de Jesús,
víctima de esa confrontación. Jesús hizo primero la opción por ir a Galilea a
ponerse de parte del pueblo injusticiado, a dar a las víctimas la buena noticia
de que Dios está de su parte y quiere su liberación, y Jesús hizo después la
opción de subir a Jerusalén y confrontar la institución del Templo, denunciar,
criticar y llamar a la conversión al sistema victimizador. Y le costó morir
ejecutado, víctima también él del sistema. Así que ya en tiempo de Jesús se
plantea esta urgencia: no sólo compasión puntual y conversión personal, sino
liberación de víctimas del sistema y transformación del sistema victimizador.
Pero hoy la dimensión estructural, tanto para ayudar a víctimas como para
desarraigar causas victimizadoras, obligaría a contar otra parábola, no de una sola víctima
de unos pocos agresores, sino de innumerabls víctimas de muchísimas estructuras
o sistemas agresores.
La sociedad globalizada y anestesiada agrava el problema
En esta sociedad, que ya nos hemos
acostumbrado a llamar como algo obvio la sociedad globalizada, se produce una globalización
de las víctimas y de las causas victimizadoras, lo que obliga a plantear la
liberación al nivel de las estructuras, las instituciones, los sistemas, las
redes organizativas de la sociedad, que hay que asegurar que sean justas, en
vez ser vehículo de injusticias estructurales, institucionales, sistemáticas. Y
eso no se lleva a cabo solo con la compasión puntual y la conversión personal;
aunque sea una compasión activa y eficaz, aunque sea un cambio interior sincero
de cada persona. Esa compasión y cambio son necesarios; la liberación no se
logra sin ellos. Pero tampoco se alcanza solamente con ellos.
Conjugar la compasión y conversión
personales con la liberación y transformación estructurales es un desafío para
una teología liberadora hoy, por la globalización de las víctimas y los victimizadores.
Además, vivimos en una sociedad anestesiada, en la que hay una globalización de
la indiferencia y del miedo, que frenan la liberación. Subrayemos estos cuatro
rasgos actuales: globalización de las víctimas, de los victimadores, de la
indiferencia y del miedo.
Dar ejemplos sería largo y
faltaría tiempo. Baste un mínima
muestra.
1) Primero, las víctimas. Hay una acumulación
de injusticias y un aumento notable de
víctimas injusticiadas. Las víctimas empobrecidas, oprimidas, explotadas,
injusticiadas, hoy; víctimas de sistemas, estructuras, instituciones
victimadoras, no cientos, ni miles, sino millones. Decir media humanidad es
quedarse corto. Que el 20 por ciento más rico de la humanidad acapara el 80 por
ciento de recursos del planeta es algo que a fuerza de oirlo repetir no nos
impacta, pero el dato es más que impactante, es demoledor. Aquí habría que
repetir los datos impresionamnetes que escuchamos en la ponencia de Juan Torres
sobre la situación económica mundial y la enecesidad de propuestas de
alternativas. Para esta liberación no basta, aunque sean necesarias, la compasión
puntual y la conversión personal. Hace falta mucha solidaridad compasiva, pero
no basta, si no creamos estructuras de solidaridad y no desarraigamos las
injusticias estructurales.
2) Segundo, los agentes
victimizadores. El conjunto de agentes victimadores es muy complejo. Las
víctimas de la estafa de las preferentes no eran solo víctimas de la persona
que les hizo la póliza en la ventanilla, la cadena de victimadores nos lleva
desde el director de la sucursal a la central, y de esta a la cúpula de la
entidad bancaria, a toda la red de manipulación financiera, hacienda, y hasta a
Wall Street, pasando por Bruselas...
Cuando los nómadas de Mongolia,
arruinados y destruido su género de vida, no pueden llevar el ganado a los
pastos, porque los terrenos han sido comprados y convertidos en propiedad
privada, ¿quién es el agente victimizador? No es un rico terrateniente. Una
multinacional compró terrenos, donde montarán instalaciones para extraer
uranio. El gobierno mongol negocia con el japonés, interesado en comprar ese
uranio para sus centrales nucleares, le promete a Mongolia montarle centrales
nucleares a cambio de que Mongolia deje a Japón enterrar en el desierto del
Gobi los desechos reactivos: es decir, tirar la basura del rico en el patio del
pobre. Mientras tanto en Japón el gobierno hace oidos sorodos a las protestas
cívicas contra las centrales nucleares tras la catástrofe de Fukushima. Dice el
gobierno que son necesarias para tener energía eléctrica. Pero en los dos años
siguientes al terremoto, con récord de calor en el verano y 54 centrales
nucleares sin funcionar, no faltó electricidad. No era solo para electricidad.
El uranio ¡Èreciclado¡É lo vende a Francia y USA para usos bélicos. Resulta que
el proyecto de las minas de uranio en Mongolia y la oferta de nucleares a
Mongolia a cambio de tirar allí la basura nuclear japonesa era parte de un
proyecto común entre Japón, Francia y USA, llevado en secreto. Lo descubrió el
periódico Mainichi y se apresuraron los ministros de economía de los repectivos
países a decir que solo era un proyecto no aprobado y se silenció el tema en
los medios. Al cabo de un año se sabe que el plan sigue adelante. ¿Quién es el
agente victimizador? Desde luego, no es uno solo, es toda una red de intereses
político-finacieros. No se arregla la injusticia con solo compadecer al nómada
mongol víctima, ni siquiera indemnizándole para rescatar su economía familiar.
Esta víctima es víctima de muchos agresores, de agresores en parte anónimos,
los agentes victimizadores son sistemas, instituciones y estructuras victimadoras,
que hay que analizar, denunciar, criticar, proponer alternativas para cambiarlas.
Y a la hora de proponer alternativas, hay que crear también no solo estructuras
de ayuda, recursos estructurales de ayuda, sino llevar a cabo cambios
estructurales, cambios de sistema. Esto lo tendrían que hacer unas políticas
con criterio ético y no víctimas de la dictadora de la economía, las finanzas y
los mercados. Unas políticas ciudadanas a escala mundial para la globalización
de la justicia.
Es lo que han hecho los ponentes que me han
precedido y es para mí el resumen de las propuestas que les he escuchado estos
tres días desde sus competencias concretas. Eso es lo que llenaría de contenido
a este resumen tan general y tan abstracto que estoy haciendo. En realidad, no
estoy más que recogiendo formulando en términos generales lo que en las diversas
ponencias se ha planteado tan concretamente.
Otro ejemplo: ¿Quién es el agente
victimizador de estas niñas tailandesas de doce años que ofrecen al turista servicios sexuales en Bangkok? El
victimizador no es solo este cliente que la disfruta. Desde la mafia que las
explota, pasando por la administración pública que hace la vista gorda y la
economía del país que también se lucra, hasta las organizaciones japonesas de
giras de turismo sexual por el sudeste asiático, la red de victimizadores implicados es compleja.Y ¿qué decir de que en
Indonesia 60.000 de las setenta mil dedicadas a estos servicios sean menores de
veinte años o de las doscientas mil mujeres del sureste asiático trabajando en
Tokyo para alivio del ejecutivo nipón? ¿O de las trescientas chicas por mes que
la red traficante compra en Bangladesh para satisfacer las necesidades de
Pakistán?¿O de que el 30 por ciento de mujeres en prostitución en Cambodia sean
menores de edad y alcance la cifra del millón la prostitución infantil en
Taiwan, Filipinas y Tailandia?. Pero sin necesidad de que nos hablen de
Thailandia podrían ustedes, aquí en Madrid, darse una vuelta por el polígono
Marconi y preguntarse de qué nacionalidades o de qué regiones vienen las cerca
de mil mujeres que en cualquier día de trabajo incluso a media mañana ofrecen sus servicios de prostitución por
precio módico, qué redes mafiosas hay implicadas, qué hace, mejor dicho, qué no
hace la administración pública, etc. Y se encontrarán con que la lista de
agentes victimizadores es muy larga.
3) Globalización de la indiferencia
en la sociedad anestesias. Las estadísticas de las víctimas, a fuerza de
repetirse acaban por resbalarnos. Nos dicen que de los más de 42 millones de
víctimas del SIDA la mitad son mujeres, que mueren de hambre más de 800
millones de personas o que hay 200 millones de niños y niñas con desnutrición y
parece que de haberlo oido tanto nos hemos insensibilizado y no reaccionamos. O
reaccionamos como aquel niño de cuatro años que oye la conversación de su madre
con una amiga. ¿Sabes que ayer se murió Paquita? ¿Cómo, qué me dices, que ha muerto
Paquita? Y el niño se vuelve y pregunta: Mamá, ¿Quién la mató? (No es chiste.
Lo cuento porque me lo contó la madre de ese niño. Y me contó que otro día,
viendo el telediario, dieron la noticia de un atentado en Afganistán y el
pequeño dijo espontáneamente: Mira, mamá, Pun, otro coche bomba, ...)
Insensibilizados ante la globalización de la violencia, caemos en la globalización
de la indiferencia.
4) Globalización del miedo, utilizado
por los poderes políticos como pretexto y arma de control social, y por los
poderes económicos como recursos mercantil. El miedo al terrorismo ha servido
de pretexto para multiplicar en las ordenanzas municipales formas de control
social que violan derechos humanos. El miedo a quedarse en el paro obliga a
aceptar condiciones de trabajo injustas
o contratos basura. El miedo a la situación bélica lleva a huir de su país a
millones de refugiados. Y un larguísimo
etcétera.
Movimientos de liberación y teología de la liberación
Ante esta realidad de la
victimización, quienes no pasan de largo, personas y comunidades con sensibilidad
humana para dolerse, no solo se compadecen y se indignan, sino unen sus
esfuerzos en los movimientos de liberación. Los movimientos de liberación
surgen así de la sensibilidad humana para compadecer y de responder a la
necesidad de liberación. Surgen de la ciudadanía que vive la experiencia de la
compasión y la liberación. No son monopolio de la religión cristiana o la
budista; ni siquiera de la teología de la liberación, sino anteriores a
ella. Ahora bien, cuando personas y
comunidades animadas por una fe religiosa se incorporan a estos movimientos de
liberación humana y participan en la experiencia de la liberación, su fe
refuerza ese compromiso. Así surgen en el seno del cristinismo las teologías de
la liberación y en el seno del budismo los ¡Èbudismos comprometidos¡É (engaged buddhism). A creyentes en el
Dios de Jesús nos mueve la fe en el Dios de las víctimas y la experiencia
humana de la urgencia de su liberación. Y cuando nos ponemos a pensar la fe, a
hacer teología (hacer teología es pensar la fe desde la vida y para la vida),
cuando nos ponemos a pensar la fe desde la experiencia humana de participar en
el compromiso por la liberación, entonces surge una teología liberadora. Los dos motores de esta teología son: 1) dejarse liberar
por el Evangelio de Jesús, y 2) aprender
del pueblo que se esfuerza por su liberación. No es una moda teológica, sino un
grito desde el Evangelio por la liberación humana. La fuente de esta teología son siempre estos dos
manantiales: el Evangelio y la praxis de liberación. Desde esas dos
experiencias hablaba Monseñor Romero cuando fue ejecutado, como Jesús, dando
testimonio martirialmente de la fe y de la liberación.
¿Cómo implicarse en esta liberación las comunidades
cristianas?
Con oídos y ojos, con boca y pies, oídos de fe y ojos de sociología, oidos de fe
para escuchar el Evangelio y ojos de sociología para ver la realidad de la
victimización y la injusticia... Y con boca, para denunciar y pies para
movilizarse. No podrán dejar de indignarse y de involucrarse en la liberación.
Pondrán en práctica el método propuesto por el Concilio Vaticano II (GS n 41):
evangelio y experiencia humana, espiritualidad y análisis social para discernir
la realidad victimizada, dolerse con ella y luchar por los cambios estructurales
necesarios para su liberación. Así se aplicó en Medellín, en 1968, el mensaje
conciliar sobre la iglesia ante los signos de los tiempos en el mundo de hoy, y
así está interpelándonos, medio siglo
después, el hermano Francisco.
Pero... hagamos una pausa, para que
no ver fácilmente de color de rosa la relación de la liberación con las
religiones.
En el cristianismo y en el budismo
institucionales, surgen teologías de la liberación o ideologías de dominación.
Hay budismos comprometidos y budismos de evasión. Hay cristianismos
comprometidos y cristianismos de evasión. Desde la teología tenemos que
discernirlos. Dentro de la misma iglesia, una parte de iglesia casada con el
poder fáctico de la sociedad, prefiere, si no una telogía de la dominación, al
menos una teología solamente de compasión o reconciliación, incluso de
solidaridad; pero que no sea conflictiva por comprometerse con la
transformación estructural, que no confronte el sistema injusto ni denuncie las
injusticias del sistema.
Esto no nos tenía que extrañar,
porque ya lo había predicho el mismo Jesús.
No será el discípulo más que el maestro. Si a mí me persiguieron, a vosotros os
perseguirán (Jn 15, 20) El que os
persiga, creerá dar culto a Dios. (Jn 16, 2). Jesús chocó frontalmente con
la cúpula dirigente de su religión y le tuvieron por blasfemo. Cuando un grupo
religioso, inspirado por su
espiritualidad y movido por el clamor de las víctimas, se implica en la
praxis de liberación, desde una parte de la misma religión se le frena, por
describir suavemente que se le acosa. Igual que hicieron con el maestro cuando
se enfrentó a la institución del templo.
Dentro de la misma iglesia católica, coexisten contradictoriamente las
sensibilidades liberadoras y las ideologías legitimadoras de la dominación.
Aunque la espiritualidad que inspira
una religión sea liberadora (tanto budista como cristiana), en la religión
establecida como grupo social con poder (un poder que no debería tener, pero
que, queriéndolo o no, de hecho tiene), en esa religión, surge (unas veces, en
la cúpula jerárquica, otras veces, en grupos diversos) una parte que se
compromete y una parte que se casa con los poderes fácticos y, traicionando su
propia fe, se opone a los movimientos liberadores. Dice A.
Pieris, uno de los principales teólogos de la liberación asiáticos: ¡ÈLa
religión tiene una dimensión esclavizante y otra liberadora. Después de todo,
¿no ha producido la misma religión cristiana una teología de la dominación y
una teología de la liberación?¡É
Dos
casos concretos, uno de Tokyo y otro de Madrid. En Madrid, en febrero del año
pasado
la Delegación Diocesana de Pastoral del Trabajo publica un comunicado de la
HOAC y la JOC sobre la reforma laboral. Al día siguiente una nota de la vicaría
general de la archidiócesis la desautoriza. En Tokyo, en 2009, la comisión
social de los obispos a una con la Comisión de Justicia y Paz, publica una
declaración interpelando al gobierno y denunciando las causas de la crisis
económica. Al día siguiente, grupos católicos tradicionalistas critican la
declaración y rechazan la denuncia profética de la iglesia. Parecen casos
opuestos, porque en el primero la denuncia profética surgió del laicado
comprometido y la oposición vino de la cúpula eclesiástica, y en el segundo, la
denuncia la hace el episcopado a una con el laicado concientizado y el rechazo
viene de la minoría tradicionalista. Pero en ambos casos el hecho es que dentro
de la misma iglesia surge una teología de la liberación y una ideología de la
dominación, una iglesia que cumple su misión profética en la sociedad y otra
iglesia que se casa con los poderes. ¿A cuál de las dos le dará Jesús la razón?
A la que siga su encargo en Mc 10, 42-43: Los
grandes jefes abusan de su autoridad. No
ha de ser así entre vosotros...
Budistas y cristianos redescubren juntos su propia
espiritualidad liberadora.
Esta coexistencia, dentro de una
misma religión, de sensibilidades en favor y en contra de la denuncia profética
muestra la ambivalencia de las religiones, pero también obliga a hacer
autocrítica para no caer en sentenciar: ¡Èel malo es el equipo contrario¡É. Por
eso quería evitar el dilema entre compasión y liberación o entre reforma
interior y cambio estructural.
De hecho, en encuentros de
cooperación cristiano-budista con personas de talante religioso y cultural muy
diverso, pero que coincidían en estar socialmente muy comprometidas, he
compartido la experiencia de la mutua transformación y el redescubrimiento de
lo originario de sus respectivas tradiciones. En esos encuentros he pensado
sobre este tema: la compasión sin liberación es alma sin cuerpo, insuficiente.
La liberación sin compasión es contradictoria, cuerpo inanimado. Estoy
hablando, como ven, en tono personal, no como en una ponencia académica sobre
budismo y cristianismo, sino desde la experiencia de esos encuentros en que
ambas partes se reconocen en la diferencia y se influyen mutuamente. Permítanme
que les describa, citando desde mi cuaderno de notas de esos encuentros, un
esbozo de estas conversaciones, lo hago citando desde mi cuaderno de notas en
forma de diálogo entre el Sr. Suzuki (budista laico) y un servidor (J.M.):
Pregunta J. M.: Reconozco que vuestra dedicación y ayuda a los sin techo en
este barrio es admirable, pero, ¿por qué no queréis sumaros a nuestras
protestas ante el ayuntamiento y la comisaría ?
Responde Suzuki: Denunciar no es lo nuestro. Yo sí me sumaría, pero la cúpula
de nuestro religión no lo hará, para no pronunciarse en favor de una parte, en
vez de acoger con compasión universal. A veces me parecéis parciales cuando
hablaís de la opción preferencial por las víctimas.
J. M. : Perdona que te diga, con la
misma franqueza, que esa opción no excluye a nadie y brota de la fe en la
misericordia de Dios que creo coincide con la del Buda.
S.: Dicho así, te comprendo, por eso
estamos aquí en el barrio. Pero en lo de luchar contra los opresores noto algo
violento, agresivo. Entonces, ¿cómo explicas lo que dice vuestro Jesús sobre
amar a los enemigos. También el Buda lo diría, aunque admito que a nosotros
como a vosotros nos cuesta practicarlo.
J.M.: Ninguno estamos libres de
pecado. Me preguntan en Japón por las violencias cometidas por el cristianismo
en nombre de la fe, y bajo la cabeza. Vosotros tenéis tradición de no
violencia...
S.: Y también una historia que lo
contradice. Dice así el Buda en el Dammapada, ¡ÈEl odio jamás se calma
con el odio en este mundo. Solamente se vence al odio con la no violencia.¡É[i]
(I, 5). Esa es la tradición del Buda, pero ¿la practicamos?
J. M.: También nosotros traicionamos
la tradición de Jesús.
S.: Te contaré un episodio, para que
no te desanimes. El rey Dutta-Gamani va a la batalla contra un reino
indio, enarbolando un estandarte con las reliquias de Buda y rodeado de monjes.
Al prever el alcance de la matanza, le entra remordimiento al rey; pero los monjes
lo tranquilizan. Los enemigos no son creyentes, dicen, se les puede considerar animales. Ya ves, ste
parece ser lo que tú llamarías ideología legitimadora de la masacre.
J.
M.: Ya veo, budistas que van a la guerra en nombre de Buda. Como los kamikaze japoneses se suicidaban por el emperador
y en nombre del sintoismo. Y en mí país se peleaba en la Edad Media al grito de
¡ÈSantiago y cierra España¡É, y en los conflictos civiles cantando ¡ÈPor Dios, por
la patria y el rey¡É...
S.:
Un ejemplo más cercano, el presidente Bush justificando como cruzada el injusto
ataque preventivo cotra Irak.
J.
M.: ¿Qué diría el Buda al día siguiente del atentado de las torres gemelas?
S.:
Quizás diría que entre las víctimas estábamos tú y yo, porque todos deberíamos
sentirnos víctima con las víctimas. Pero también diría que el avión de los
terroristas lo pilótabamos tú y yo, porque tenemos en el corazón raíces de mal
que nos conectan con los victimizadores.
J.
M.: Escuchándote redescubo la parábola de Jesús sobre el trigo y la cizaña. Yo
llevo dentro de mí la buena y mala hierba.
S.:
Por eso digo que la compasión por víctimas y victimizadores mueve a ayudar a
las víctimas y hacer por la conversión de los victimizadores. Pero me temo que
tú vas a insistir en ¡Èluchar contra los victimizadores, y ahí ya no te sigo...
¿cómo casa eso con el amor a los enemigos según Jesús?
J.
M.: Te agradezco que me recuerdes el evangelio. Claro que Jesús no dice que
sintamos cariño hacia el enemigo, sino que oremos para que cambie. Así lo dicen
Mateo y Lucas: Orad por los que os persiguen (Mt 5, 44 y Lc 6, 28). Sintiendo
indignación hacia los victimizadores, oramos para que cambien y luchamos por
hacerles cambiar. Ojalá podamos hacerlo como tú dices sin odiarles y sin
combatir la violencia con violencia...
Hasta
aquí la cita de mi cuaderno, redactada como ficción, pero con base real.
Constato, junto con la coincidencia en lo fundamental, un talante religioso y
cultural diferente. Pero lo mismo me ocurre en el diálogo con otras
sensibilidades dentro del cristianismo. Concordamos al hablar de compasión y
conversión, pero discrepamos al plantear la liberación, la denuncia, y la
confrontación con las causas estructurales de la victimización. Conjugación
compasión y liberación es tema clave de toda teología liberadora hoy. Por eso
el último punto de mi exposición será una relectura del doble encargo de Jesús
a los discípulos, las dos caras de la liberación, la doble misión terapéutica y
profética de la comunidad cristiana en el mundo. Lo aprendemos en el capítulo
20 del evangelio según Juan.
Compasión y liberación en el encargo de Jesús a los
discípulos.
Jesús encarga a sus discípulos la
doble misión de compasión y de liberación, en el v. 23, que se puede
parafrasearse así: ¡ÈOs envío como fui enviado. Id a compadeced a las víctimas
del mal, id a denunciar y desarraigar el mal¡É.
Las traducciones más corrientes
dicen literalmente así: A
quien perdonáreis los pecados, perdonados les son; a quienes los retuviéreis,
retenidos quedan (Jn 20,23).
Leído así, se malentiende fuera de
contexto. Parece como si dijera: ¡ÈOs doy poder para que perdonéis
a unas personas y condenéis a otras¡É. Parte de la culpa de esta lectura
estrecha la tiene el uso que se ha hecho de esta frase, desde los días del
Concilio de Trento, para justificar la necesidad de la confesión sacramental y
reforzar la dominación de las conciencias por la ¡Èinstitución eclesiástica¡É.
Pero
hay que entender bien el contexto de esta palabra dirigida a los
discípulos, reunidos en el Cenáculo el
primer día de la semana,. En ese momento, los discípulos no son la primera
¡Èjerarquía eclesiástica¡É, sino la ¡Èprimera comunidad¡É. El encargo de ir al
mundo, con la doble misión de reconciliar y transformar, es una misión dada a
toda la comunidad, no una potestad privilegiada para el grupo dirigente.
Además,
la frase anterior dice así: ¡ÈComo me ha enviado el Padre, también yo os envío a
vosotros...¡É (Jn 20, 21). Si les envía como Él ha sido enviado, no se puede
decir que les encarga acoger a unas personas y condenar a otras, porque eso no
seria hacer lo que hizo Jesús. A lo que les envía es a tratar el problema del
mal del mismo modo que Jesús lo trató: compadeciendo y liberando, acogiendo y
denunciando. Así trató Jesús el problema del mal, indidivual y el social o
estructural. La exégesis bíblica muestra, en el evangelio según Juan, lo que
hace Jesús ante el problema del mal individual y social, lo que hace ante sus
víctimas y victimizadores, y cómo lo hace. No puedo repetir aquí largas
investigaciones, pero resumiré lo principal (cf.J.Mateos-J.Barreto,El evangelio de Juan:
análisis lingüístico y comentario exegético (cf. M.Hasitschka,Befreiung von
Sünde nach dem Johannesevangelium).
¿Qué
hizo ante el mal, ante el pecado, individual y social, ante las víctimas y los
agentes victimizadores? Jesús actuó de
dos maneras: 1) Reconciliando, acogiendo, liberando víctimas. 2) Denunciando,
llamando a conversión y transformación a los agentes victimizadores.
Ejemplos
de lo primero: libera a la mujer que iban a apedrear por adulterio, no la
condena y le abre futuro (Jn 8, 1-11). Libera al ciego curado (Jn 9, 1.39), que
no tenía pecado pero era víctima del pecado del mundo, del pecado estructural
de quienes lo querían expulsar de la sinagoga. Libera al que se creía paralítico (Jn 5, 1-18) y le infunde ánimo para que se
ponga en pie y se plante ante los líderes religiosos que preferían tenerle
engañado en su miseria consolándole con la expectativa de una religión
milagrera que le curase cuando un ángel agitara las aguas prodigiosas.
Ejemplos
de lo segundo: Jesús denuncia y critica al sistema de los que, estando ciegos,
presumen de ver y no se alegran de que el ciego se cure, ni se algran de que el
paralítico eche a andar, no quieren la liberación del pueblo. Contra ellos dice
Jesús: Yo he venido a este mundo para
provocar una situación crítica de discernimiento (en griego, krisis). Para que los que no ven, vean; y
los que ven, se vuelvan ciegos. Oyeron esto algunos de los fariseos que estaban
con Él, y le dijeron: ¿Es que estamos ciegos? Díjoles Jesús: Si fuérais ciegos,
no tendríais pecado: mas ahora decís: Vemos. Por eso os digo: Vuestro pecado
permanece. (Jn 9,39-41). Es decir: Vuestro pecado ¡Èpermanece¡É, vuestros
pecados quedan ¡Èretenidos¡É (en griego, kekrátentai),
siguen estando ahí, tenéis que reconocerlo y cambiar. Esto explica la segunda
parte del encargo: ¡Èa quienes retuviéreis¡É quiere decir ¡È a quienes
denunciáreis y llaméis a conversión¡É.
Por
tanto, podemos hacer la siguiente relectura de esas palabras que el evangelista
pone en boca del Resucitado. Jesús da un doble encargo a la comunidad liberada
y liberadora, seguidora de su obra.
La
primera parte del encargo es:
Id
a perdonar, id a reconciliar. Id a liberar a las víctimas del mal, compadeciendo,
acogiendo, reconciliando y librando del mal estructural y del ¡Èpecado del mundo¡É.
La
segunda parte del encargo es:
Id
a denunciar, id a transformar. Id a liberar a los agentes victimizadores, denunciando,
criticando, llamando a la conversión y transformación de las estructuras
injustas.
Hoy, la teología liberadora trata de
vivir esta doble práctica de Jesús: id y liberad a las víctimas, id y
confrontad a los victimizadores. Y se encuentra con el desafío y la dificultad
de realizar esa doble tarea al nivel de las estructuras, las instituciones, los
sistemas. Esta doble tarea no es meramente individual, ni meramente compasiva,
es una labor de cambio estructural y de globalización de la justicia.
Es el encargo de Jesús a la iglesia,
hoy como ayer. Esa es la tarea de la teología de la liberación, hoy. Ojalá nos
animemos mutuamente a llevarla a cabo con la fuerza del Espíritu.